Homero
Quintanilla es un músico de los de después, aunque
nadie sabe lo que eso significa. Él es el viento de Anhela.
Cuando toca, algunos sienten una brisa celestial. A otros les
llega la salivilla. Nadie lo ha visto nunca sin su trombón.
Es como una extensión de su cuerpo, un apéndice
sin el que él, músico primigenio y natural, se siente
incompleto. A no ser que tenga una paellita delante, entonces
es otro cantar. |