Amina
Saurio crea bases sin cesar. De las cuerdas de su instrumento
surgen melodías que hacen gemir de placer a los mismos
dioses. Se cuenta que una vez la invitaron al Olimpo a un concurso
musical contra Orfeo y Apolo, y que habría vencido de no
ser por ese néctar sabroso que la perdió para siempre.
Desde entonces, cuando llora, el tiempo se para, pero nadie se
da cuenta. Es capaz de tocarse la nariz con la lengua y conoce
el olor de las nubes. |